7 de julio de 2013

Alicante con lente propia. Revista Canelobre nº 61

Alicante con lente propia. © Jorge Lidiano

Recientemente, Paulina López y yo mismo hemos participado en el número 61 de la revista Canelobre, publicada por el Instituto Juan Gil-Albert de la Diputación de Alicante bajo el título de Alicante con lente propia.

El mencionado número, que se puede adquirir en los quioscos, está dedicado integramente a la fotografía alicantina tanto del pasado como la actual. En ella se recogen imágenes históricas, artículos variados, fotógrafos y otras personas y personalidades relacionadas con este arte.

Nosotros hemos colaborado publicando un artículo sobre la Romería de la Santa Faz, acompañándolo de algunas de las imágenes que forman parte del proyecto que venimos realizando durante varios años sobre la misma.

No están todos los que son, pero sí son todos los que están. Por ello, como fotógrafos que hemos sido en esta ocasión elegidos, agradecemos públicamente a la institución alicantina y a todos los que han hecho posible este número la oportunidad que personalmente nos han brindado de mostrar nuestro trabajo.


 A continuación publicamos el artículo completo con sus fotografías.

LA PEREGRINA, FE Y TRADICIÓN DEL PUEBLO ALICANTINO
Paulina López de la Casa / Jorge M. Lidiano Linares Abad

Un poco de historia

Una fecha, la del primer milagro, el 17 de Marzo de 1489, y un personaje, el sacerdote Mosén Pedro Mena, sanjuanero, nacido en el año 1410 y fallecido en el 1493, a quién un cardenal anónimo y agradecido -en estudios recientes se identifica al cardenal como Rodrigo Borgia, bisabuelo del santo Francisco de Borja, y designado en 1492 como el Papa 'Alejandro IV- entregó en Roma el paño de la faz de Cristo procedente de Venecia, adonde había sido trasladado previamente desde las estancias papales, coincidiendo con una epidemia de peste que azotó seis años antes la ciudad de Roma.
 
A su vuelta a la parroquia de San Juan, el recién nombrado párroco depositó el lienzo de gasa de lino, en el fondo de un arcón que contenía ropa y vestidos, sin atribuirle excesiva autenticidad ya que pensó que se trataba de una pintura hecha como boceto para la realización posterior de un cuadro.
Pero, cada vez que abría el arcón, el lienzo aparecía en la parte superior en lugar de la posición donde él siempre lo depositaba, lo que le hizo pensar que tal vez mediaba algún milagro.

En aquellos momentos la sequía asolaba las tierras alicantinas por lo que, conocedores de los hechos acaecidos, los vecinos de la huerta solicitaron al sacerdote sacar el lienzo en procesión e implorar la llegada de la lluvia mediante rogativa 'ad petendam pluviam'.

Es durante la marcha de la misma, cuando caminando en dirección al santuario lucentino de Los Ángeles, a la altura del barranco de Lloixa -lugar donde se construyó posteriormente el actual Monasterio-, el padre Villafranca, que portaba la Reliquia, sintió que aumentaba su peso y vio como brotaba una lágrima del ojo derecho del rostro pintado, hecho que se considera como el  'Milagro de la Lágrima'.

Se decidió continuar con la rogativa la semana siguiente, con la celebración de una Eucaristía oficiada, por la gran multitud de gente congregada, bajo un frondoso pino en el campo de la ermita de Nuestra Señora de los Ángeles. ¡Entonces sucedió!, se produjo la levitación del padre Fray Benito de Valencia con la Reliquia en las manos y la aparición simultánea en el cielo de dos faces más, componiendo los tres pliegues del manto de la Verónica, mientras una fina lluvia ponía fin a la sequía y con ella a las plegarias de los huertanos.

Tras el 'Milagro de las Tres Faces', ocho días después, se produjo el tercero y último con la aparición, durante la celebración de Fray Benito ante una enorme multitud de nuevas predicaciones, de una gran cruz celestial entre los rayos del arco iris que se proyectaban sobre el cielo.

Se dice que, merced a estos tres milagros, fue otorgado el título de ciudad a Alicante, por el rey Fernando el Católico.

El lienzo, muy venerado, ocasionó conflictos entre los habitantes de los pueblos aledaños, ya que todos lo querían custodiar en su municipio, por lo que no hubo otra solución que construir una iglesia con un Monasterio para tal fin, posible gracias a donaciones de nobles y aportaciones populares.

El Monasterio de la Santa Faz, construido en el año 1490, fue ocupado inicialmente por la orden de San Jerónimo y pocos años después por monjas de la orden de las Clarisas.
El templo se declaró ruinoso y fue demolido en el 1748, dando lugar en el 1766 al edificio actual, adosado a una torre fortaleza para proteger a la Reliquia y a las personas que lo habitaran.

Es lugar de continuas peregrinaciones desde todas las tierras y sitios de España y han sido muchos los Reyes y los Jefes de Estado que han visitado y orado en su interior.

La Faz Divina ha sobrevivido a invasiones y ataques de piratas berberiscos, escuadras tunecinas, asaltos musulmanes, bombardeos franceses, las guerras de la Independencia y Civil, inundaciones, por lo que el Monasterio ha tenido que ser reconstruido y la Reliquia trasladada temporalmente.

También la guerra civil trató de mala manera al Monasterio, que fue asaltado y saqueado en el año 1936. Se quemó un retablo renacentista de madera, se destrozaron múltiples objetos..., pero la Reliquia permaneció intacta y se ocultó posteriormente hasta el año 1939 en los sótanos de la Diputación. Su salvación ha sido objeto de mitos y dispares narraciones, alcanzando incluso en algunos momentos la categoría de milagro, y cuyos méritos se apuntaron personas que quizás no les correspondía.
Durante siglos se fueron produciendo diversos traslados y procesiones en demanda de agua o cura de las epidemias pero, a principios del siglo XX, un accidente producido por la multitud, provocó que se doblase la cruz de remate del relicario y la decisión de no mover más la Reliquia en previsión de nuevos incidentes, presumiblemente involuntarios.

Más de 523 años han transcurrido, desde que se produjera el primero de los tres milagros que marcó el comienzo de la enorme devoción del pueblo alicantino hacia la Reliquia de la Santa Faz. Desde entonces, el pueblo la acompaña y le rinde homenaje siguiéndola de manera especial el día de su festividad.
La Peregrina

Se denomina La Peregrina a la tradición del pueblo alicantino que consiste en desplazarse a pie y en romería el segundo jueves de Pascua, día de la festividad de la Santa Faz, para acudir al Monasterio y  venerar el lienzo donde quedó plasmada la faz de Cristo recogida por la Verónica.

La romería fue fechada inicialmente el 17 de marzo de 1525, coincidiendo con la Cuaresma, y se mantuvo durante 204 años. Pero como los peregrinos paraban a mitad del camino para comer sin respetar el ayuno, en el 1663 el Sínodo Diocesano dictó un decreto para trasladarla al jueves siguiente a la 'Dominica in Albis', aunque el decreto no se cumplió hasta el año 1752.

Aunque es lógico pensar que el régimen franquista podía propiciar este tipo de actos religiosos, la acogida popular y masiva no se ha producido realmente hasta la llegada de la democracia, estimándose actualmente en más de 150.000 personas las que pueden reunirse el señalado día del festejo.

La organización del evento es planificada y gestionada con bastante antelación entre el Ayuntamiento y el Cabildo de la Santa Faz, y para su realización se requiere del apoyo de los cuerpos de seguridad y auxilio: Policía, Protección Civil, Cruz Roja... y otros voluntarios, preparados para intervenciones por lipotimias, torceduras, ampollas en los pies..., y más tarde intoxicaciones etílicas.   
El itinerario oficial parte a las ocho de la mañana al grito de ¡Faz Divina, Misericordia! desde la Puerta Negra de Concatedral de San Nicolás de Bari, presidido por el obispo diocesano, el cabildo de canónigos y las autoridades civiles, y transcurre por la carretera nacional 332, por lo que una parte de la misma queda cerrada al tráfico, dejando la restante disponible sólo para uso restringido de servicios de autobuses, taxis, policía y otros vehículos autorizados.

...resulta estresante caminar delante de la comitiva. Los pisotones, empujones y tropiezos -entre los mismos fotógrafos, con la gente que inexplicablemente se detiene, con la policía que debe despegar el camino en momentos totalmente colapsado- son continuos. La romería avanza con empuje y en ocasiones su ritmo se me antoja como una marabunta o un pequeño sunami, más bien pequeñísimo al pensar en los destrozos vistos por televisión. En esta realidad, encuentro aleatoriamente nuevas imágenes -el objeto también decide- pero pierdo otras irremediablemente, como guillotinadas o fragmentadas por el destino que a modo de censura premeditada quiere robarme la futura contemplación y el disfrute de mis ojos...  (Jorge Lidiano)

Previamente, están disponibles miles de cañas con un ramo de romero situado en la punta para los romeros que acompañan a las autoridades religiosas que portan una copia de la Reliquia, de la corporación local o de la Generalitat; mezclándose, debido a la popularidad de esta romería, entre representantes sindicales y políticos de distinto signo, personalidades, artistas, deportistas y otras organizaciones de mayor componente lúdica como las peñas festeras.


El trayecto hasta la entrada de la pedanía de la Santa Faz tiene una longitud de unos 8 Km,  se recorre a pie en dos horas por lo que alrededor de las diez de la mañana llega la Peregrina al Monasterio. Y en él es fácil encontrase peregrinos que lo realizan descalzos por alguna promesa o penitencia.

...arropados, integrados en la autoridad, entre colegas, los fotógrafos perseguimos capturar 'esa imagen', o más bien esa sensación que tenemos idealizada siempre en el interior, de inexplicable satisfacción, y que permanecerá como objetivo vivo mientras no sea conseguido... (Jorge Lidiano)
Muchos asistentes van ataviados con el traje típico de peregrino formado por un blusón y un pañuelo con los colores azul y blanco de la ciudad y la mayoría llevan comida y alimentos típicos de la Pascua alicantina para consumir en las zonas urbanas o de campo próximas a la pedanía.

... con frecuentes incursiones, depredador, salto a la caza, buscando aquella toma que para algunos supone una gratificación espiritual y para otros la cruda realidad del necesario sustento. Pero, como escuché en una ocasión, ¿qué interés hay en fotografiar este entorno con asfalto y gente normal vestida normalmente? Justamente, en la ausencia de lo exótico puedo encontrar la grandeza, es mi reto... (Jorge Lidiano)

En los últimos años,  las pandillas de adolescentes organizan su particular romería. El carrito tuneado de las grandes superficies es utilizado en el transporte de la merienda, de la música y sobre todo de la bebida. Todo es permitido, hacer uso de los carros (salvo que te cojan llevándotelo del centro comercial), los botellones, ...
Durante su recorrido encontramos las trece cruces que constituyen el viacrucis, creado en el año 1950 por Acción Católica, donde se deberían efectuar paradas y realizar los oportunos rezos, y una 'paraeta típica' donde se reparten rollos y mistela; aunque la comitiva oficial no las realiza, ya que debe asistir a la misa que se oficia con la Reliquia en la explanada del Monasterio.

Además, desde los barrios, pedanías, zonas rústicas, pueblos próximos... se complementan otros recorridos que elevan el número de romeros, devotos y ciudadanos que acuden al Monasterio por fervor, por tradición o, simplemente, por pasar un día de convivencia con amigos y familiares. 

...pienso que sí, la tecnología digital nos ha embrutecido en parte, de tal forma que posponemos las decisiones importantes de la toma para un acto posterior de selección y manipulación. Somos avalados  por los miles de clicks motorizados, sin coste, sin preocupación, que nos confunden y dirigen nuestro conocimiento pasado -manado del entrenamiento y pensamiento profundos- hacia la dinámica de la rapidez, siendo más valido el más que el mejor. Me resisto a esta avalancha, a mirar continuamente el display, a la impaciencia por la inmediatez del resultado, tal vez sea la añoranza de la incertidumbre del carrete sin revelar... (Jorge Lidiano)
La Reliquia de la Santa Faz original está situada en el interior de un tabernáculo en el Camarín, con más de una cerradura que han de abrir con sus correspondientes llaves los representantes del Ayuntamiento y de la Iglesia, este hecho viene de la antigüedad para proteger su integridad y evitar que los devotos más pudientes consiguieran trozos del lienzo o que fuera sacada para complacer demandas de rogativas particulares. Tras sacarla de su alojamiento es trasladada al altar  montado en la plaza donde es oficiada la misa por el obispo de la Diócesis y numerosos sacerdotes.
...la perfección tecnológica fácilmente accesible y muy abierta, las miles o millones de tomas diarias, la casualidad, todas ellas pueden confluir para, en cualquier lugar, se cree una imagen perfecta. Pero un consistente trabajo fotográfico requiere de otras cualidades, de un aprendizaje, de una evolución, de una experiencia previa, de un bagaje, de la visión de un artista. Pienso que un conjunto apoya, relata, delimita con precisión y sobrevive con el tiempo...  (Jorge Lidiano)

Una vez terminada la celebración religiosa, de nuevo es conducida al interior del Monasterio y situada en su camarín, entonces puede ser visitada por los ciudadanos tras guardar una larga cola para acceder al recinto.

...este trabajo todavía está vivo, lo llevo realizando durante algunos años, en ocasiones disfrutando, con enfoques diferentes, sujeto a mi gusto cambiante, a mi subjetividad, testigo de los cambios y evolucionando con ellos. Con él sigo aprendiendo, quizás nunca termine o termine cuando yo...  (Jorge Lidiano)

En el siglo XVI surge la feria, donde los mercaderes vendían sus productos a cambio de entregar una limosna al convento. En la actualidad, la pedanía se llena de puestos que ofrecen productos típicos de la tierra de artesanía y alimentación y otros de ropa, bisutería, menaje..., conformando un mercadillo, que se complementan con las numerosas atracciones de la feria.
LA ROMERÍA DE LA SANTA FAZ: LA EXISTENCIA DETENIDA O COMO FLUJO
Juan A. Roche Cárcel, Profesor Titular de Sociología de la Cultura y de las Artes, Universidad de Alicante

Prácticamente todos los alicantinos hemos hecho alguna vez en la vida la peregrinación al Santuario de la Santa Faz. Todos hemos experimentado algún tipo de sensación o emoción al participar en esta popular romería, pero, evidentemente, no todos los asistentes vivimos con la misma intensidad y similar manera el acontecimiento. Y es que entran en juego las creencias religiosas individuales o la ausencia de las mismas, el respeto por las tradiciones, el sentimiento identitario u otras cuestiones más puramente festivas. Algo de esto ocurre en las fotografías que nos presentan Jorge Linares y Paulina López. Ellos desarrollan el recorrido al que me estoy refiriendo, y lo viven a su modo, de forma diferenciada y atendiendo a la intencionalidad perseguida y a su propia idiosincrasia. Como prueba de ello, están las imágenes que han seleccionado, los temas que proponen, la geografía presente o ausente, los marcos generales o de detalle, los protagonistas de sus obras, seres humanos u objetos, y, en suma, la peculiar forma de mirar y la manera de sentir esa mirada.

Por ejemplo, a Jorge le interesan, sobre todo, las personas y, especialmente, el bullicio en el que se sumergen y el dinámico movimiento que efectúan durante el recorrido hacia el Caserío de la Santa Faz. Así parecen testificarlo su apelotonamiento –no queda espacio libre entre los peregrinos y un carrito de la compra tapado por una tela-; un gentío de personas (en la primera fila, son todas mujeres) espera tras una valla metálica frente a la Iglesia de Santa Faz que salga la imagen sagrada-; su abigarramiento, numerosas personas se concentran frente a la Concatedral y, en el centro, un músico toca la dolçaina-; la dirección diversa de sus miradas –interesante la foto en la que el President de la Generalitat y la Alcaldesa de Alicante, situados a ambos lados de la imagen de la Santa Faz, divergen en sus miradas, como si la imagen divina no fuera capaz de hacer el milagro de que estos dos dirigentes políticos se comuniquen-; las distintas posiciones de sus cuerpos –aunque todos los romeros de desplazan de derecha a izquierda, sus cuerpos arqueados y las cañas que portan parecen seguir caminos distintos; en otra imagen, los cuerpos de unos jóvenes inmigrantes se entrelazan alegre y anárquicamente formando una especie de castellet, quizás en búsqueda de una nueva identidad-; los desemejantes sentidos de sus trayectorias y las oblicuas y diagonales de las cañas de azúcar, en ocasiones contrastadas con la dirección de los visitantes. 

Igualmente parecen confirmarlo la precisa geografía del itinerario: la Concatedral de Alicante, la Avenida de Denia, el mar, el Caserío y sus puestos de venta y la Iglesia de Santa Faz. Por tanto, puede decirse, que esta obra fotográfica de Jorge trascurre en la horizontalidad, expresando así que el tema fundamental es el recorrido y, dentro de él, las personas que lo protagonizan, aunque, eso sí, más desordenada que organizadamente. 
De ahí que una significativa contradicción flote en estas fotografías: la dirección hacia el caserío es clara, va de SE a NO, la composición de las imágenes es diagonal o va de derecha a izquierda, o viceversa, pero las imágenes parecen insistir más en el sinsentido del desorden formado por seres humanos y objetos que en la linealidad de la aparente trayectoria de la romería. Como si el fotógrafo quisiera decirnos, en lo más hondo, que en el recorrido humano no todo es lineal, que éste está marcado no tanto por la racionalidad como por los sentidos. 

Es más, contrariamente, son los sentimientos de fe o de alegría (bellísima la imagen en la que una mujer de color recibe la igualitaria hostia consagrada o aquella en la que un peregrino, vestido con sotana y con una cruz en el pecho, muestra una mirada que trasluce –al igual que su cabello- el lumínico arremolinamiento interior-, o la foto en la que un romero, con corona de espinas y severa mirada profunda, es abrazado por un amigo de gesto serio y contenido), la entropía, la desestructuración, el caos, los que definen esta itinerancia. 

Sin embargo, lo curioso es que a Jorge, le guste o no este desorden, termina sumergiéndose en él con su cámara, dejándose arrastrar, no sin una cierta perplejidad y recorriéndolo a la par que el resto de peregrinos; convirtiéndose él mismo en un romero más que no puede impedir que le embarguen las emociones encontradas, las impresiones variopintas, las concentradas y vívidas experiencias del sentir popular y, quizás también, esa sensación difusa de la aleatoriedad de nuestra existencia -sugerente, al respecto, la foto en la que se le está tomando la tensión a un peregrino-.
 
A Paulina, por el contrario, no parecen interesarle las personas, sino los objetos (cañas -las dos nítidas cañas en primer plano, frente al fondo difuminado, apenas perceptible; o las cañas alineadas encima unas de otras-, pañuelos -un pañuelo de la Santa Faz hace de bandera y ondea al viento, con el cielo al fondo-), y los rincones del recorrido –cruces, el asfalto de la carretera (el arrugado asfalto contrasta con los pies y piernas desnudas que lo pisan; y en el asfalto, se deposita la hoja de un periódico con un anuncio de la romería de la Santa Faz)-. 
Su geografía no es tan precisa, pues quizás no le atañe tanto el itinerario de conjunto como los fragmentos, los detalles, que ella cree significativos. De ahí que se tome su tiempo y no se deje zambullir por el movimiento que arrastra a las personas que visitan la Santa Faz. 
Es más, ni siquiera su cámara parece caminar sino detenerse y, en ese detenimiento ensimismado, su mirada no es –como la de Jorge- horizontal sino vertical: contempla abajo y arriba, el suelo o las nubes, al igual que lo hacen las cruces –la cruz metálica de la imagen que es mostrada en contrapicado y mirando el cielo; la cruz de piedra-, las cañas de azúcar y las palmeras –se ven dos palmeras que parecen juntarse arriba y “abrazar” las nubes”- que, brotando de la tierra, ascienden hacia el cielo. 

En consecuencia, las fotografías que nos muestra Paulina en esta ocasión no son tanto el fruto de la corriente de la vida, sino de su contención e, incluso, de su abstracción. Cierto, la existencia parece en sus obras el producto de fragmentos subjetivos y llenos de sentido –los rollitos de anís y el mistela en las manos de dos personas a los que no se les ve el rostro; el periódico “La Verdad” en las manos curtidas y añosas de una persona a la que tampoco se le ve la cara-, de abstracciones en las que se difumina la realidad –la efigie de la Santa Faz está diluida-, como queriendo decirnos que ésta es sustituida por los sueños de la fotógrafa. Y, lo que me parece más importante, en estas obras la vida parece detenida, contenida, y no definida por el flujo o el devenir.         


Biografía

Paulina López, maestra de profesión, se interesa por la fotografía, de forma  autodidacta, desde hace más de 20 años. En la década de los 90 participa activamente en concursos nacionales e internacionales destacando, entre los más de 150 premios obtenidos, el premio de 'Imágenes Jóvenes' de los años 1993 y 1994, convocado por el Instituto de la Juventud del Ministerio de Asuntos Sociales.

Hasta hoy ha realizado varias exposiciones individuales y colectivas y publicado sus imágenes en diversos medios.
 
Autodidacta desde el año 1973, Jorge Lidiano participó desde el año 88 en certámenes nacionales obteniendo hasta el año 1998 numerosos premios, entre los que cabe destacar la Medalla Gaudí y el Premio Mezquita, e internacionales con adquisiciones en Hoffman y Foto Gran Prix. Fue presidente del Club Fotográfi­co de Alicante durante los años 91‑93 y jurado de concursos fotográficos.

En su etapa docente, impartió talleres de técnica y estética fotográfica, y fue profesor de varias asignaturas del título de 'Experto en Artes Visuales: Fotografía y Acción Creativa' de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Hoy dedica, además, parte de su tiempo a la publicación de técnica e imágenes en un blog creado y mantenido por él.

Cuenta con diversas publicaciones, ha expuesto en muchas ocasiones y actualmente el trabajo 'El Carmelo, un hospital para la esperanza', realizado para la ONG Medicus Mundi, se expone de forma itinerante por la Comunidad Valenciana. 

Ambos, Paulina y Jorge, han desarrollado algunos trabajos de manera simultánea, con su propia interpretación personal, como el que se presenta aquí. Otro fue objeto de la publicación del libro 'Primera Infancia', que cubre de forma íntima y personal la primera etapa de sus hijos.


Bibliografía

La Santa Faz de Alicante. Fe, tradición e historia. José María Manzano Ferrer
En la WEB:     Wikipedia
                        http://www.alicantevivo.org/

                        http://www.santafaz.com/
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© Jorge Lidiano.
Todos los derechos reservados sobre los textos e imágenes del presente documento, sólo podrán ser utilizados con la autorización expresa de su autor
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