30 de junio de 2013

La diversidad enriquece

La diversidad enriquece. © Jorge Lidiano

Con frecuencia he oído frases como: 'a mí no me interesa la técnica' o 'la imagen es lo importante y la técnica es irrelevante', o al contrario, 'la imagen tiene mucho grano o está ligeramente movida'. En parte puedo compartir esas opiniones si no se sustentan sobre una actitud intolerante sino que responden a cierta inocencia, inexperiencia o falta de madurez fotográfica. Sin embargo, lógicamente, algunas de ellas me causan bastante dolor, ya que para alguien que dedica mucho de su tiempo libre a redactar artículos técnicos, es como restregarle que lo que hace tiene poco o ningún valor.

Me gusta mas y también me gustaría dedicar todavía mas tiempo, a lo que se considera como lo puro y esencial: 'el momento de la toma', y que otros procesaran mis trabajos, seguramente acabaría con muchos de mis quebraderos de cabeza. Pero mi formación profesional actúa como un resorte y me impulsa a investigar el porqué y cómo funcionan aquellas herramientas o equipos que utilizo o me interesan.

Es cierto que yo también me siento tentado en expresarme en términos muy peyorativos cuando algo no me gusta y confieso que en ocasiones lo hago. Pero es también igualmente cierto que al recapacitar posteriormente y contrastar que lo que para mí no es tan bueno lo es magnífico para su autor -y seguramente lo sería para unos cuantos millones más- deduzco que es muy probable que me esté equivocando.

De hecho me ha sucedido al juzgar un trabajo como estándar o normal, que alguien es capaz de elevarlo a la categoría de obra maestra, es decir, me sigo equivocando. O peor aún, algo que creo muy creativo e innovador otro lo simplifica y lo califica como 'la foto de un simple caballo', situación que tuve la oportunidad de sufrir personalmente en una ocasión siendo jurado de un concurso fotográfico.

El tiempo me ha vuelto más cauto cuando algún autor me pide que opine sobre su obra. ¿Y si en el futuro mi criterio evoluciona y me obliga a desdecirme?, y además, ¡quién soy yo para emitir ese tipo de juicios de valor!

En el hecho de poder elegir entre múltiples posibilidades: imagen en blanco y negro o en color, goma bicromatada o papel baritado, fotografía analógica o digital, estudio o calle, paisaje o reportaje, técnica o creatividad..., encontramos la grandeza. Si todos concediéramos el mismo valor a las mismas cosas el abanico se reduciría y no habría lugar para evolucionar, para cometer errores, ni tampoco para el presente escrito.

Las peores experiencias visuales me han servido y ayudado, como poco, como referencia para descartar o valorar mejor mis propios trabajos. Por ello considero que la diversidad es determinante, gracias a ella podemos disponer de múltiples opciones que, nos gusten más o menos, a buen seguro que nos enriquecen.
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© Jorge Lidiano.
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