15 de enero de 2020

Fotografías. El ocho


Las ocho imágenes y los textos que a continuación se presentan corresponden a la exposición realizada en el ‘Freaks Art Bar & Gallery’ en 2019. Las iré publicando consecutivamente y espero que os gusten.

El ocho, 2018 – 2019.

La serie se engloba dentro del ‘El yo digital’, un proyecto extenso que se fundamenta en el Arte Matemático, el Píxel Art y la Postfotografía y que incluye, entre otros, imágenes de contenido social y político, de inspiración en fórmulas y procesos matemáticos, de homenajes a diversos artistas y sus obras, con resultados que transitan entre la abstracción y la figuración.

El ocho es un número perfecto y simétrico, que en horizontal representa el inalcanzable infinito. Simboliza el equilibrio, la perseverancia y en las cartas del tarot la justicia, aspectos que ansiamos de nuestros políticos. 

En ‘El ocho’ invito al espectador a reflexionar sobre la política, sus actores y sus efectos colaterales y secuelas. No trato de plasmar esa anhelada armonía, al contrario, mi objetivo es que todas las partes rivalicen con la obra principal, actuando simultáneamente como información y como ruido.

Con tal fin, las piezas que están enmarcadas en ostentosas molduras de madera se rodean de un paspartú de peso relevante y, en ‘I love politics’, los acetatos de colores actúan de filtros modificando el visionado y los objetos constructores se disputan individualmente el protagonismo de la obra.

Imagen 1. El que no llora no mama / 2018

El conocido dicho que nombra la pieza parece evocar nuestra niñez, pero en realidad sugiere la exigencia de una buena interpretación para obtener algún beneficio.

En el contexto de la política podríamos afirmar que ‘muchos individuos han mamado sin haber llorado’, en el sentido de aprovecharse de su cargo público sin recibir castigo alguno, mientras los ciudadanos no son conscientes o toleran dichas obviedades poco éticas. 

El retrato, apropiado de las redes sociales, del ‘molt honorable’ ex-presidente de la Generalitat con la boca abierta, como aguardando el maná del cielo, me ha sugerido una estética Kistch.

En ‘El que no llora no mama’, la obra central se complementa con objetos catalogados como horteras o de mal gusto que, colocados en el interior de marcos pretenciosos, asedian a un sujeto político que no fue precisamente un paradigma de la honestidad y la elegancia. Estos ocupan también el área destinada al paspartú imbricándose con la propia imagen principal.

Los figuras del interior, que flotan junto al personaje mostrando lienzos sin imagen o de rostros cubiertos con vendajes, insinúan una sociedad pasiva, ausente, permisiva con los clanes o que, conscientemente, pretende ocultar profundas y enraizadas heridas.

El Maneki Neko, o gato de la suerte, corporiza el ‘estado de gracia’ de aquellos  afortunados políticos que han sabido esquivar las condenas de la justicia y de la sociedad, tras haberse enriquecimiento ilícitamente y defraudado a sus votantes.


© Jorge Lidiano.
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